Hacia el cosmopolitismo corpóreo por Anjana Raghavan

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Reseña de libros: Hacia el cosmopolitismo corpóreo por Anjana Raghavan

Reseña de Senthorun Raj

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La Dra. Anjana Raghavan es profesora titular de Sociología en el Departamento de Psicología, Sociología y Política de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Sheffield Hallam (Reino Unido). Su trabajo se sitúa en los intersticios de los feminismos descoloniales y queer, las filosofías políticas y la teoría-praxis crítica. Ha publicado trabajos sobre el “cosmopolitismo corporal”, los feminismos globales del sur y la creación y el desempeño de las identidades descoloniales. Actualmente trabaja sobre el amor y las espiritualidades feminista-queer como modos de habitación y resistencia. Su libro, Hacia el cosmopolitismo corpóreo: Performing Decolonial Solidarities, fue publicado por Rowman & Littlefield en 2017 y saldrá en rústica en febrero de 2019.

El cosmopolitismo es un concepto seductor. En el último año, el auge de los movimientos etnonacionalistas en todo el mundo, junto con los debates sobre (el fracaso de) la “política de la identidad”, ha puesto en primer plano una serie dispar de desafíos políticos a los que se enfrentan los grupos sociales marginados que buscan la pertenencia y la inclusión. El cosmopolitismo, con su énfasis en la universalidad y la humanidad compartida, promete aliviar las ansiedades de esos grupos que luchan por sortear esas diferencias sociales y políticas cargadas de emociones. Sin embargo, el nuevo libro de Anjana Raghavan que provoca el pensamiento, Hacia el Cosmopolitismo Corpóreo: Performing Decolonial Solidarities (2017), nos advierte contra un abrazo acrítico del cosmopolitismo. Al moverse a través de los ricos cuerpos de erudición feminista, homosexual y descolonial, Raghavan invita a los lectores a “recordar” las historias de la opresión colonial y a resistir las borraduras provocadas por el atractivo de los discursos homogeneizantes del cosmopolitismo que tratan de abstraer lo que significa ser humano (p. 4).

Hacia el cosmopolitismo corpóreo se realizan una serie de intervenciones académicas y políticas. El libro: i) afirma el valor del cosmopolitismo como una praxis que puede generar formas de pertenencia social; ii) critica afectivamente algunas de las reivindicaciones incorpóreas que sustentan los discursos cosmopolitas; y iii) moviliza el cuerpo como una forma de realizar la solidaridad y la justicia descolonial. Basándose en estudios de casos relativos a los relatos de mujeres trans en el sur de la India y de mujeres indo-caribeñas en las islas del Caribe, el libro de Raghavan ofrece a los lectores una manera afectiva de corporizar el cosmopolitismo poniendo en primer plano, en lugar de oscurecer, las subjetividades individuales.

En el capítulo 1, Raghavan define el “cosmopolitismo corpóreo” entretejiendo un diálogo selectivo de varios estudiosos que son críticos de la lógica de la identidad nacional y/o abrazan las concepciones liberales del cosmopolitismo. Si bien el deseo de trascender las fronteras puede entenderse como una respuesta al parroquialismo del Estado-nación (como se evidencia en la obra de estudiosos como Anthony Appiah), Raghavan observa que la evacuación de las categorías de identidad es peligrosa, si no imposible, para quienes se les niega el reconocimiento de una identidad en primer lugar (pág. 31). En cambio, afirma que los estudiosos del cosmopolitismo deben tener en cuenta las implicaciones colonizadoras de las nociones kantianas y derridas de hospitalidad, pertenencia y universalidad, ampliamente celebradas (págs. 41 a 3).

El capítulo 2 produce una teoría de la encarnación que forma la base del cosmopolitismo corpóreo. Basándose en la materialidad feminista y la erudición de afectos, Raghavan esboza las formas en que los cuerpos femeninos han sido repudiados en la política. La exclusión, más que una consecuencia del fracaso político, es un resultado de las comunidades políticas fundadas a través de la abyección y la vigilancia de los cuerpos (no masculinos, no blancos, no aptos, no heterosexuales) (págs. 56-65). En lugar de abrazar esta abyección, Raghavan conceptualiza el cuerpo como un acto de actuación, y como un espacio de hogar, para reclamar subjetividades que siguen siendo desposeídas tanto teórica como socialmente (págs. 65-81).

En los capítulos 3 y 4, Raghavan desarrolla hábilmente su teoría del cosmopolitismo corpóreo y la actuación de la solidaridad al examinar las vidas de las comunidades “Thirunagai” (mujeres trans en el sur de la India) y las mujeres indo-caribeñas. Los homosexuales en la India, por ejemplo, buscan un cambio legal y político que afirme su vida. Como señala Raghavan, esas intervenciones sólo son posibles “con un profundo compromiso y conversación con la corporalidad, el afecto, el género y la sexualidad” (pág. 100). Para las mujeres trans del sur de la India, ese diálogo deja espacio a las reivindicaciones de reconocimiento de género, al tiempo que critica los límites de las concepciones binarias o patriarcales de la belleza (pág. 114). Para las mujeres indo-caribeñas, el cosmopolitismo corpóreo se relaciona con el compartir (comida, chismes, historias, etc.) mientras se cuestiona cómo estas mujeres crean espacios de intercambio y qué es lo que permiten que se comparta o se silencie dentro de ellas (p. 126). Esta reflexividad corpórea, para ambos conjuntos de mujeres, deja espacio para revelar la fragilidad de los traumas y el deseo que sustentan las identidades marginales, a la vez que nos permite desafiar el racismo, la (trans)misoginia y la pobreza que estructuran las identidades marginales (p.149).

Raghavan concluye su libro con un llamado al amor. En el capítulo 5, Raghavan nos pide que seamos vulnerables (p. 170). Ya sea que busquemos un cambio legal para la justicia reproductiva o la igualdad en el matrimonio, el amor puede liberarnos de algunas de las demandas institucionales que limitan nuestra actual forma de vivir juntos. Esto no significa que debamos idealizar el amor o su capacidad para eliminar las desigualdades materiales. Al “devolver el cuerpo” en las teorías del cosmopolitismo, Raghavan nos insta a dar espacio a modos de amar/vivir que son frágiles, silenciosos, difíciles, frustrantes e inarticulables (p. 176). Al hacerlo, sugiere que la promesa de solidaridad – cuando la realizamos – reside en espacios de vulnerabilidad, problemas y resistencia más que en la cosificación, la facilidad y la conformidad.

El libro de Raghavan habla de una serie de disciplinas como la sociología, la política, el derecho y los estudios culturales que se interesan por los conceptos de diálogo, pertenencia, hospitalidad, justicia y comunidad. Como estudioso y defensor de los derechos humanos, estaba a la vez emocionado y nervioso al pensar en cómo una teoría del cosmopolitismo corpóreo podría aplicarse a los litigios y a la reforma de la ley. ¿Admitiría la ley alguna vez el desorden del cuerpo? ¿Podría la ley alguna vez amar? ¿Debería la justicia ser fluida? Planteo estas preguntas porque son gestos de Raghavan, pero también porque sostienen una serie de conversaciones más amplias sobre la solidaridad y la justicia. La solidaridad es esencial para resistir las opresiones locales e internacionales. Sin embargo, debemos tener cuidado de no reproducir las lógicas coloniales de compasión y deseo que socavan las voces o el trabajo de aquellos a los que intentamos “ayudar”. El cosmopolitismo corpóreo es una estrategia arriesgada, entonces, porque admite la vulnerabilidad. Sin embargo, esta vulnerabilidad es precisamente lo que nos permite navegar por las tensiones políticas entre los diferentes grupos sin cerrar las conversaciones (p. 195).

El diálogo, basado en el amor y la vulnerabilidad, es una rica táctica para los activistas y académicos interesados en el cosmopolitismo. Hacia el cosmopolitismo corpóreo es una importante contribución a los estudiosos existentes porque se compromete con compromisos teóricos dispares para hablar sensualmente con aquellos de nosotros que estamos comprometidos críticamente con las aspiraciones globales de construir una comunidad y hacer espacio para reconocer las diferencias encarnadas. En última instancia, este libro ofrece a los lectores una manera efectiva de sostener ambas cosas.

Senthorun Raj es profesor de derecho en la Universidad de Keele y codirector de la Maestría en Derechos Humanos, Globalización y Justicia. Sen también trabaja con activistas LGBTI y organizaciones comunitarias. Él twitea @senthorun.

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